Pérdidas
¡Ya estoy harto!, ¿por qué sigues llorando por algo que ya no está y a mi que estoy a tu lado, me ignoras? ¿quieres un hijo? ¡Lo vamos a solucionar! Con esa sentencia te tomó entre sus manos con fuerza, lamió tu rostro y te giró para jalar tu cabello y penetrarte, sentías los golpes de su cadera contra tus nalgas y no podías sino pensar en aquella vez cuando Alberto decidió que tenía derecho a violarte porque según él le habías coqueteado. ¿Qué diferencia hay con esto? ¿Que quien lo hace ahora te quiere? El mismo miedo que te impidió moverte aquella vez te paraliza ahora, el mismo dolor se te anida en el cuerpo, te abraza, tapa tus ojos, cubre tus oídos; por fin se detiene, te recuestas, él besa tus mejillas, “¡ahí lo tienes, ahí tienes a tu hijo! A ver si así se te acaba esa pinche tristeza que me tiene harto” Todo lo que sabes del amor es un escupitajo en la cara, jalas la cobija que tienes al lado y te envuelves en ella, sería un buen momento para desaparecer,...